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       Cuando tienes que salir y viajar mucho, las cosas más absurdas te parecen ya algo normal. En Alicante tenía un par de instalaciones y, aunque para mí los kilómetros entre Alicante y Valencia ya eran coser y cantar, al tener que esta un par de días no me pareció oportuno hacer cada vez el recorrido teniendo en cuenta que todos estos gastos corrían por parte de la empresa. Pasé un día francamente agotador, los problemas sencillos son los más difíciles de encontrar porque no puedes ni imaginarlos. Y uno detrás de otro llega un momento en que parece que la cabeza esté a punto de explotar. Pero por fin se acabó el día y la excelente cocina alicantina me esperaba en el hotel y después un baño relajante y a la cama, una hora viendo la tele y después a dormir. La cena fue exquisita, no demasiado copiosa, como ha de ser por la noche, pero de alta calidad. Para entender mejor los sucesos posteriores es importante conocer que yo estaba con el dueño de la empresa que era un gran aficionado

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